Con la música se mejora la orientación espacial y temporal, la socialización, la creatividad, la espontaneidad, la perseverancia, la confianza en uno mismo, la concentración, la seguridad, la atención, la adquisición del esquema corporal y, según fundamentados estudios, también la memoria verbal de los niños. En definitiva, la capacidad de aprendizaje.
La selección de una actividad musical, como el método Suzuki, en la infancia es algo que debe ser cuidadosamente estudiado. Debemos partir de unos adecuados criterios pedagógicos para seleccionar las condiciones ambientales más propicias de manera que se potencie no sólo el desarrollo de las habilidades musicales, sino también el de las cognitivas, afectivas y lingüísticas.
Y es que, atendiendo a los resultados de las investigaciones de los psicólogos de la Universidad de Hong Kong, llevadas a cabo con 90 niños, y publicadas por Neuropsycology, los niños que estudian música mejoran la memoria verbal.